En busca de las ciudades perdidas del Darién

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Desde la orilla del Tuira se observa, ahora con claridad, una imponente muralla. Son rocas calizas que mantienen viva una estructura que podría haber sido construida hace más de 200 años.
Los fuertes españoles de la provincia de Darién, que están siendo restaurados por el Instituto Nacional de Cultura (INAC), vuelven a ser noticia. Tres de ellos están ubicados a pocos minutos de La Palma, cabecera de la provincia.
Las esperanzas de la institución están cifradas en que estas instalaciones sean declaradas sitios históricos y con ello, se conserven, mantengan y restauren arquitectónicamente.
Para noviembre del 2002, el tema se puso sobre el tapete. Antes bajo la administración de Rafael Ruiloba, cuando el equipo periodístico de El Panamá América visitó por primera vez dos de estos fortines.
Ahora la comunidad se ha unido a las labores de limpieza de la maleza que por años los mantuvo ocultos. “Queremos conocer a ciencia cierta la historia de estos fuertes”, explicó el arquitecto Miguel Lobán, subdirector del INAC, durante una gira periodística por las islas El Encanto, Boca Grande y Setegantí.
Los árboles que crecieron alrededor parecen haberse propuesto no dejarlos morir. Los fortines no han perdido las características que los identifican como sitios de defensa de la época militar de España, por allá por 1700.
El recorrido dio inicio en la isla El Encanto con el fuerte de Boca Chica, que ocupa la parte alta de un cerro. Escalarlo tomó unos minutos a los más de 10 periodistas y los funcionarios del INAC.
De paso se escuchaban los lamentos, porque la cúspide se mostraba inalcanzable y las ansias se apoderaban del momento.
Una vez arriba, la vista es impresionante. Se observa esplendorosa la costa darienita, de incalculable valor turístico y comercial. Algunos escapamos unos minutos a las explicaciones de los profesionales de la institución para dejarnos maravillar por el paisaje.
A la vuelta, Daría Picota –asistente de arquitectura, restauración y conservación– se refería a una técnica de edificación de mampostería mixta a base de arcilla y elementos propios de la época. Construcciones propiamente militares. Con astilleras y una torre de vigilancia.
“En estos momentos se está en una fase de estudio y concienciación de la comunidad”, indicó por su parte Lobán, al tiempo que reveló un dato más reciente que aún están corroborando.
Huaqueros de áreas cercanas a El Real, a poco más de 20 minutos de Yaviza, han informado sobre la existencia “de la ciudad de El Real viejo… aunque la gente lo ha comentado, no se tiene precisión sobre la ubicación. Podría tratarse del poblado escocés o hasta Acla”.
El rumbo ahora era Boca Grande, el segundo fuerte. En un área plana, a diferencia del primero, éste se distinguía además por una estructura más amplia, con mayor definición de vigilancia y el repello original.
Un robusto árbol casi sostiene la torre. Según se nos explicó antes, “cortarlo significaría tal vez que esta parte del fuerte cediera pues tiene raíces muy profundas por la cantidad de años que han convivido”.
El lugar acaparó la atención de los visitantes. Con sobradas razones: historia y cultura se mezclan en estas paredes.
El arquitecto Lobán, en representación del director del INAC, Pablo Barrios, dejó sentir su complacencia de que se pueda reiterar al mundo, a través de estas fortificaciones, la imagen de un Panamá con importancia internacional desde la época de la conquista.
Una última parada nos llevó hasta Setegantí. Con menos altura que Boca Chica, pero también en la cumbre, se observaban desde abajo las erguidas estructuras en las que el pasar del tiempo apenas ha hecho daño.
Acá la limpieza comenzaba por lo que se dificultaba más la llegada a la cima. Algunos ignoraron a la verde naturaleza y se dispusieron escalar con el solo propósito de ver desde otro ángulo aquel panorama que nada tiene que envidiar a los más paradisíacos destinos.
Mucho que hacer, pero sin recursos. En esa etapa se encuentra el INAC. No hay dinero para exploraciones de tal envergadura y aunque se quiere lograr la cooperación internacional, se requiere adelantar en los estudios.
Lobán habló literalmente de un “trabajo con las uñas”. Se dispone del personal idóneo, pero “con qué se les paga”.
La comunidad internacional, según dijo, no se ha manifestado aún, sin embargo, se está haciendo la gestión a través del director de patrimonio histórico, Carlos Fitzgerald. “Sólo se dispone de los fondos del INAC”, afirmó.
Una ley que declare los fuertes sitios históricos motiva ahora a la institución. El anteproyecto entregado durante la visita a los medios propone la inclusión como tal del “fortín de Boca Chica en la isla El Encanto, de isla Boca Grande, Setegantí y Yaviza, en la desembocadura del río Chico, distrito de Pinogana”.
El documento sugiere al INAC como la entidad encargada de la “custodia, conservación, mantenimiento y restauración de los fuertes para lo que se le proveerá del presupuesto necesario para la puesta en valor de los sitios”.
Igualmente, advierte sobre “las medidas que tomaría la Dirección Nacional de Patrimonio Histórico para prevenir la destrucción o alteración de estas estructuras antiguas para evitar su desaparición”.
Algunos de los fuertes encontrados, según dio a conocer Lobán, están ubicados en “terrenos privados, no obstante, el alcalde y la gobernadora ya hicieron la solicitud a los dueños de las tierras, quienes se mostraron de acuerdo y únicamente pidieron que se señalaran los linderos”. Sin embargo, no se dio a conocer el nombre de los propietarios.
El INAC mantiene contacto con la comunidad y los lugareños ya han entendido que las fortificaciones que les rodean son parte de su propia identidad. Hoy, por esos lares, no hay quien desconozca su existencia y se lo comente a quien le quede al alcance… propios y extranjeros. “Está naciendo una nueva cultura turística”, nos dijeron.
Las fortificaciones de Darién se localizaban en lugares bien elegidos y favorecidos por las condiciones naturales. La estrategia de defensa de los fuertes se basaba en la dificultad y los largos viajes para llegar a los mismos, sin embargo, no evitó que fuera considerada por los piratas la ruta para penetrar al istmo.
En los años 1750, 1751 y 1754, los aborígenes asaltaron muchas de las poblaciones y establecimientos españoles, por lo que para reforzar la región se dispuso la construcción y reconstrucción de varias fortificaciones.
En 1777, quedó terminado el Fuerte de San Carlos de Boca Chica, en la desembocadura del Tuira.
Todas las fortificaciones encontradas son de mampostería mixta y se encuentran localizadas en puntos donde se aprovechan las condiciones del terreno para la defensa. Los muros siguen un trazado rectangular en todos los casos y en algunos se pueden observar las áreas para las troneras, las garitas y las aspilleras.