¿Es Panamá un estado laico?

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¿Es Panamá un estado laico?

Un Estado laico garantiza la libertad de creer en algo diferente a lo establecido y que exista una completa separación entre gobierno e Iglesia; no privilegia a una iglesia determinada ni se discrimina a ninguna religión ni a los no creyentes. Se basa en cuatro pilares: (1) la separación de las esferas pública y religiosa; (2) la no discriminación; (3) el no privilegio de ninguna religión; (4) libertad de creer o no creer.

Nuestra Constitución establece la libre profesión de todas las religiones. Sin embargo, señala que toda religión debe respetar la moral cristiana y el orden público. Entiendo lo del orden público, pero no entiendo el propósito de decir que se debe respetar la moral cristiana. Puede haber tantas morales como religiones; pero moral no es lo mismo que religión. La laicidad, entonces, está implícita, pero no es evidente de la propia lectura del artículo ni en la realidad que vivimos, así como tampoco en su alcance ni en el concepto de lo que es un estado laico.

El Estado laico debe defender a ultranza los valores constitucionales. Lo religioso no ha desaparecido con la modernidad, ni tiene por qué hacerlo, porque la creencia religiosa de las personas merece todo nuestro respeto, pero el estado tiene que garantizar con firmeza que los grupos ultra-religiosos no sean los que definan los valores; que los funcionarios públicos no se valgan de la religión a la hora de realizar sus tareas; ni que las personas que ocupan cargos religiosos colonicen con sus dogmas y creencias las decisiones políticas fundamentales de una sociedad que dice ser democrática, donde la legitimidad de las decisiones debe venir del pueblo, nunca desde lo alto y mucho menos desde el púlpito. En los actos de la administración pública no debe haber una invocación religiosa y un presidente no debe repartir rosarios cuando asume la presidencia. Tampoco se deben destinar fondos públicos para remodelar iglesias católicas, en vez de destinarlos a obras en beneficio de toda la comunidad.

La laicidad tiene, más que nada, efectos sobre las políticas públicas. Por ejemplo, tomemos la educación pública. En las escuelas públicas no se debe enseñar religión ni debe haber símbolos religiosos en los salones. En un Estado laico los programas de estudio no están basados en dogmas religiosos, sino orientados por criterios científicos y la razón crítica, además de enseñar cívica, valores y ética. No se adoctrina, se instruye y se forma. Si los padres quieren inculcarles una religión determinada a sus hijos, deben hacerlo en casa, respetando el derecho de sus hijos de aceptarla o no si así lo deciden, cuando tengan uso de razón. Si tienen los medios pueden matricularlos en una escuela privada que enseñe dicha religión, pero en las escuelas privadas el Estado debe garantizar la no discriminación contra los que no practican esa religión y la instrucción debe orientarse por criterios científicos, no por el creacionismo u otras teorías que podrían estar infundidas por algún dogma religioso.

Otro ejemplo de una política pública que debe determinar el Estado laico es el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos. Los grupos ultra-religiosos consideran que es pecado usar anticonceptivos. ¿Debería esto determinar una política pública? El delito y el pecado no deben confundirse. Los pecados son faltas de índole religiosa o moral calificados por determinada iglesia y valen sólo para los feligreses de esa religión, pero no son un imperativo legal para el resto. No se toman en cuenta prácticas sexuales no procreativas, sólo se habla de riesgo. La sexualidad no es solamente el embarazo, sino también placer, amor, deseos, necesidades, respeto, negociación o no de tener sexo. Si la persona es congruente con sus creencias, debe abstenerse de hacer algo que reciba una censura moral de su iglesia o comunidad, pero en ningún momento un castigo legal por lo que su iglesia considera pecado. Las prohibiciones deben ser las mínimas posibles.

Entonces ¿deberíamos confiar en que el nuestro es un Estado laico? La laicidad nunca está asegurada en los hechos y en la realidad. Es toda una agenda que tiene que ver con normas, políticas públicas, convicciones de las personas y reglas de convivencia. Siempre estará acechada por el pensamiento mágico religioso, pulsiones, tentaciones e intenciones por parte de actores muy poderosos, que tienen una agenda anti-laica porque forma parte de su mandato y de su vocación colonizar las esferas públicas con sus convicciones religiosas. Lamentablemente, tenemos que contestar que en la práctica, en Panamá no se respeta el concepto de separación Iglesia y Estado, porque en un Estado laico la persona decide; la sociedad respeta; el Estado garantiza; y la iglesia no interviene.

FUENTE: http://laestrella.com.pa/opinion/columnistas/panama-estado-laico/23988453

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