¿Influye el tamaño en el placer sexual?

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¿Influye el tamaño en el placer sexual?

En nuestra cultura es bastante común que los penes grandes se muestren con orgullo. En los ‘robados’ de revista, aparecer con éste en su mínima expresión no sienta nada bien al implicado y, si de posar se trata, utilizar trucos para que aparezca turgente es bastante habitual.

Se ha rendido culto al pene desde tiempos inmemoriales, creyendo que cuanto mayor fuera el miembro, mejoraría su capacidad fértil y la posibilidad de engendrar hijos sanos. Hoy en día, gracias a la ciencia, se sabe que tamaño y fertilidad no van asociados necesariamente pero, ¿ocurre esto mismo con tamaño y placer?

En cualquier caso, el culto al pene sigue estando presente en nuestros días, manteniéndose una sociedad coitocéntrica, donde el pene cobra mayor protagonismo del que debiera y se le exige también más de lo necesario, bajo mi punto de vista como sexóloga, y la de muchos otros profesionales.

Historia del pene

El politólogo y sexólogo Aritz Resines Ruiz ha realizado un recorrido por diferentes épocas investigando la devoción humana a los genitales masculinos, en concreto, a lo relacionado al tamaño del falo o pene en culturas occidentales.

Según el experto, a lo largo de la historia se ha relacionado el tamaño con una mejor capacidad de reproducción, basándose en creencias místicas. Nuestros antecesores, posiblemente desde las cavernas, han relacionado el gran tamaño de pechos y caderas, en el caso de las mujeres, también a esta capacidad.

En la antigua Grecia, el concepto se mantuvo pero se asoció a un exceso de impulso sexual, lo cual no era bien visto, pues se asociaba a la pérdida de control y a la incapacidad, por lo tanto, de utilizar adecuadamente la virtud de la razón, cuestión muy valorada entonces. Los pequeños se asociaban a personas con capacidad de razonamiento filosófico y con capacidad de tomar decisiones políticas.

Aristófanes, en su obra Las nubes, hablaba del hombre ideal de esta manera: “Pecho sano, anchos hombros, lengua corta, glúteos fuertes y miembro pequeño”. Las esculturas griegas mostraban penes pequeños, salvo Príapo, castigado por la infidelidad de su madre, con un gran y deshonroso pene, aunque muy fértil.

En la Edad Media, periodo caracterizado por el puritanismo y la represión sexual, asociada esta al pecado, muy pocas esculturas aparecían desnudas. Sin embargo, afirma Resines, lo poco que había, seguía la misma línea, apareciendo imágenes con penes pequeños.

En el Renacimiento, donde se propugnaba volver a lo clásico, los penes pequeños también eran sinónimo de belleza y hombres sabios. El David de Miguel Ángel, una de las obras más conocidas, es una buena muestra de ello.

Saltando al siglo XX, con los estudios iniciados sobre sexología por el zoólogo Alfred Kinsey y, poco más tarde, por la pareja formada por el ginecólogo William Masters y la sexóloga Virginia Johnson, fueron cambiando los conceptos y creencias y se comenzaron valorar los factores científicos, desterrando, poco a poco, esas asociaciones místicas y culturales.

No determina la fertilidad

En la actualidad, los estudios y metodologías, afirman que el tamaño del pene no determina la fertilidad ni tampoco a la obtención o capacidad de ofrecer placer, necesariamente.

Por supuesto, existen grandes vaginas que podrían ser ideales para los grandes penes e incluso pequeñas que prefieren penes grandes y viceversa, pero sería una opción o deseo, no una necesidad para obtener placer, orgasmos o quedar satisfechos. La creencia de que el placer o los orgasmos los ofrece el varón con pene grande, está arcaica, aunque se sigue manteniendo.

Aunque los sexólogos tratamos de transmitir que el placer se lo ofrece cada uno a sí mismo, aun siendo compartido, que somos dueñas de nuestros orgasmos, y que el órgano que nos ofrece mayor placer es el clítoris y es accesible a cualquier pene, mano o lengua, se sigue poniendo excesiva responsabilidad en el hombre, su pene y lo que hace con él.

Tras conocer todo esto, es increíble pero el tamaño sí suele importar en nuestros días, y más aún a nivel erótico. La imagen del pene grande, erecto y mantenido durante largo tiempo, es la habitual ofrecida por la pornografía y seguimos haciendo referencia a la virilidad, entendida como valor o poder, en sentido figurado, con frases como: “A ver quién la tiene más grande”.

Se siguen ofreciendo y aparecen cada vez más trucos, productos, ungüentos o aparatología para aumentar el tamaño del pene, siendo incoherente no sólo con lo que la ciencia nos ha ido descubriendo, sino con lo que realmente se puede descubrir y sentir si practicamos una sexualidad no genitalizada ni falocéntrica, mucho más global y satisfactoria a nivel físico, emocional, intelectual e incluso espiritual, con orgasmos expandidos y mucho más placentera.

Algunos consejos

Todo esto no significa que ahora tengamos que aborrecer los penes grandes, o los penes en general, por supuesto que no. También es importante, como el resto del cuerpo, y se puede obtener mucho placer a través de él.

Además, los penes en reposo engañan. Hay penes que parecen pequeños que al erectarse aumentan significativamente su tamaño, siendo bastante sorpresivos y denominándose vulgarmente “penes de sangre”. En otras ocasiones, los penes en reposo parecen muy grandes pero al ponerse erectos no aumenta mucho más su tamaño, siendo estos “penes de carne”.

Evidentemente hay extremos, tanto hacia un lado como hacia el otro, que conllevan dificultades serias añadidas. Aun en esos casos, que un hombre se sienta inferior o una persona rechace un pene pequeño sólo por pensar que no le va a ofrecer placer es una opción pero un gran error.

Sí es bueno que conozcamos que cada pene puede tener su habilidad y cada hombre su personalidad para hacerla efectiva y, si no la ha descubierto aún, solo tiene que pedir ayuda a los especialistas, que para eso estamos o quizá también le sirva alguno de estos consejos.

Si considera que su pene es muy ancho no dude en utilizar un buen lubricante y, si es muy largo, si a su pareja le duele al tocar el fondo de la vagina durante la penetración, quizá deba poner un tope en su base del pene. Existen cojines tipo rosquilla, especialmente diseñados para ese uso o puede utilizar una pequeña toalla enroscada alrededor de su pene.

Tenga especial cuidado con las posturas que facilitan la penetración profunda, como el perrito, y pruebe otras que permiten un gran disfrute con penetraciones medias, como la cuchara, tumbados uno tras otro.

Si, por el contrario, su pene le resulta pequeño, la postura del perrito le facilitará penetrar con mayor facilidad y profundamente.

Depilarse el vello púbico le ofrecerá la visión total del pene y parecerá más grande por el efecto óptico. En ambos casos, la comunicación, ser habilidosos en otras facetas sexuales, el sexo oral, la habilidad manual y, por supuesto, saber seducir para que el deseo y la excitación estén al máximo, serán claves importantes. Además, dispone de juguetería sexual que facilitará cualquier tipo de relación, ofreciendo un placer añadido, si no desea.

En cualquier caso, recuerde que la sexualidad es mucho más que genitales, que el placer no sólo se ofrece a través de ellos y que toda persona, y cada pene, tiene su público.

FUENTE: http://www.elmundo.es/vida-sana/sexo/2017/03/17/58cacf4422601ddb1a8b45a5.html