El cerebro humano sano se calienta más de lo que se pensaba: supera los 40 grados

230

Una nueva investigación ha demostrado que la temperatura normal del cerebro humano varía mucho más de lo que pensábamos, lo que podría ser un signo de una función cerebral saludable. En hombres y mujeres sanos, donde la temperatura oral suele ser inferior a 37 °C, la temperatura media del cerebro es de 38,5 °C, y las regiones cerebrales más profundas suelen superar los 40 °C, sobre todo en las mujeres, durante el día.

Anteriormente, los estudios sobre la temperatura del cerebro humano se basaban en la captación de datos de pacientes con lesiones cerebrales en cuidados intensivos, en los que a menudo se necesita una monitorización directa del cerebro. Más recientemente, una técnica de escaneo cerebral, denominada espectroscopia por resonancia magnética (EMR), ha permitido a los investigadores medir la temperatura cerebral de forma no invasiva en personas sanas. Sin embargo, hasta ahora no se había utilizado la EMR para estudiar cómo varía la temperatura cerebral a lo largo del día ni para estudiar cómo influye en ella el «reloj corporal» de cada persona.

El nuevo estudio, dirigido por investigadores del Laboratorio de Biología Molecular del Consejo de Investigación Médica (MRC), en Cambridge (Reino Unido) y publicado en la revista Brain, ha producido el primer mapa en 4D de la temperatura del cerebro humano sano. Este mapa echa por tierra varias suposiciones anteriores y muestra hasta qué punto la temperatura cerebral varía según la región del cerebro, la edad, el sexo y la hora del día. Y lo que es más importante, destacan los autores, estos resultados también ponen en duda la creencia generalizada de que la temperatura del cerebro humano y la del cuerpo son iguales.

La investigación también incluyó el análisis de datos de pacientes con lesiones cerebrales traumáticas, mostrando que la presencia de ciclos diarios de temperatura cerebral está fuertemente correlacionada con la supervivencia. Estos resultados podrían servir para mejorar la comprensión, el pronóstico y el tratamiento de las lesiones cerebrales.

Para estudiar el cerebro sano, los investigadores reclutaron a 40 voluntarios de entre 20 y 40 años, a los que escanearon por la mañana, por la tarde y al final de la noche a lo largo de un día, en el Edinburgh Imaging Facility del Royal Infirmary of Edinburgh (Reino Unido).

Además, los participantes llevaban un monitor de actividad en la muñeca que permitía tener en cuenta las diferencias genéticas y de estilo de vida del reloj corporal de cada persona, o ritmo circadiano. Tanto en el caso de los «búhos nocturnos» como en el de las «alondras matutinas», conocer la hora biológica del día en que se tomó cada medición de la temperatura cerebral permitió tener en cuenta en el análisis las diferencias entre el reloj corporal de cada voluntario.

VARIACIONES A LO LARGO DEL DÍA

En los participantes sanos, la temperatura media del cerebro era de 38,5 °C, más de dos grados más que la medida bajo la lengua. El estudio también descubrió que la temperatura del cerebro variaba según la hora del día, la región del cerebro, el sexo y el ciclo menstrual y la edad.

Mientras que la superficie del cerebro era en general más fría, las estructuras cerebrales más profundas estaban con frecuencia por encima de los 40°C; la temperatura cerebral más alta observada fue de 40,9°C. En todos los individuos, la temperatura del cerebro mostró una variación consistente en la hora del día de casi 1°C, observándose las temperaturas más altas del cerebro por la tarde y las más bajas por la noche.

Por término medio, los cerebros de las mujeres eran unos 0,4°C más calientes que los de los hombres. Esta diferencia entre los sexos se debió probablemente al ciclo menstrual, ya que la mayoría de las mujeres fueron escaneadas en la fase postovulatoria de su ciclo, y su temperatura cerebral era alrededor de 0,4°C más caliente que la de las mujeres escaneadas en su fase preovulatoria.

Los resultados también mostraron que la temperatura cerebral aumentó con la edad a lo largo de los 20 años de los participantes, sobre todo en las regiones cerebrales profundas, donde el aumento medio fue de 0,6 °C. Los investigadores proponen que la capacidad del cerebro para enfriarse puede deteriorarse con la edad y que es necesario seguir trabajando para investigar si está relacionada con el desarrollo de trastornos cerebrales relacionados con la edad.

GRAN VALOR CLÍNICO

El Dr. John O’Neill, jefe de grupo del Laboratorio de Biología Molecular del MRC, comenta que, a su juicio, «el hallazgo más sorprendente del estudio es que el cerebro humano sano puede alcanzar temperaturas que se diagnosticarían como fiebre en cualquier otra parte del cuerpo. En el pasado se han medido temperaturas tan elevadas en personas con lesiones cerebrales, pero se había supuesto que eran consecuencia de la lesión».

«Descubrimos que la temperatura del cerebro desciende por la noche antes de irse a dormir y aumenta durante el día». prosigue. «Hay buenas razones para creer que esta variación diaria está asociada a la salud cerebral a largo plazo, algo que esperamos investigar a continuación».

Para explorar las implicaciones clínicas de los datos obtenidos en voluntarios sanos, los investigadores analizaron los datos de temperatura recogidos de forma continua en el cerebro de 114 pacientes que habían sufrido una lesión cerebral traumática (LCT) de moderada a grave. La temperatura media del cerebro de los pacientes era de 38,5 °C, pero variaba aún más, de 32,6 a 42,3 °C.

De los 100 pacientes de los que se disponía de datos suficientes para comprobar los ritmos diarios, sólo una cuarta parte presentaba un ritmo diario en la temperatura cerebral. Centrándose en los predictores de la supervivencia en cuidados intensivos, los investigadores descubrieron que las mediciones absolutas de la temperatura cerebral tenían una utilidad limitada, pero la variación diaria de la temperatura cerebral estaba fuertemente vinculada a la supervivencia; de hecho, de los pacientes con LCT que tenían un ritmo diario de temperatura cerebral, sólo el 4% murió en cuidados intensivos, frente al 27% que no tenía dicho ritmo.

Los investigadores advierten de que se necesitan estudios más amplios para validar esta asociación, y que el vínculo entre la temperatura cerebral y la supervivencia es sólo correlativo, lo que significa que no se puede asumir que los ritmos diarios de temperatura cerebral aumenten directamente la supervivencia. Sin embargo, la relación observada significa que la monitorización de los ciclos diarios de temperatura cerebral en pacientes con LCT podría ser una herramienta prometedora para predecir la supervivencia y se beneficiaría de nuevas investigaciones.

Junto con los datos de las personas sanas, las conclusiones de este trabajo plantean importantes cuestiones sobre el uso de intervenciones para modificar o controlar la temperatura de los pacientes en la clínica.

La doctora Nina Rzechorzek, investigadora clínica del Laboratorio de Biología Molecular del MRC, que dirigió el estudio, anuncia que mediante la exploración más exhaustiva hasta la fecha de la temperatura normal del cerebro humano, han establecido ‘HEATWAVE’un mapa de temperatura en 4D del cerebro. «Este mapa constituye un recurso de referencia urgentemente necesario para comparar los datos de los pacientes y podría transformar nuestra comprensión del funcionamiento del cerebro», explica. «El hecho de que el ritmo diario de la temperatura cerebral se correlacione tan fuertemente con la supervivencia después de una LCT sugiere que la medición de la temperatura cerebral durante todo el día tiene un gran valor clínico».

FUENTE: https://www.elmundo.es/ciencia-y-salud/salud/2022/06/13/62a6f27cfc6c83ed6b8b458c.html