Relación entre agua, energía y alimentos para el desarrollo de la región

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El agua, la energía y los alimentos son esenciales para el bienestar de la humanidad, la reducción de la pobreza y el desarrollo sostenible, así lo indican Lisbeth Naranjo y Bárbara A. Willaarts, consultoras de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

En el documento ‘Guía metodológica: diseño de acciones con enfoque del nexo entre agua, energía y alimentación para países de América Latina y el Caribe’, las autoras afirman que estos “elementos tienen un marcado sentido de indivisibilidad y suman al análisis el pilar ambiental, dentro del cual hay que considerar los ecosistemas y demás usos del territorio”.

Esto se debe a que la región de América Latina y el Caribe (LAC) tiene sus bases de desarrollo en actividades que aprovechan los recursos naturales, como el sector agrícola que requiere del agua para proporcionar riego a los cultivos, o el sector energético que utiliza agua para la generación de hidroelectricidad y sus procesos de enfriamiento; de igual forma se requiere energía para poder extraer, transportar y suministrar agua a la población, de manera que se supla la demanda de los diferentes procesos productivos, tales como la agricultura, la minería y la extracción de hidrocarburos.

Un punto importante para considerar en este nexo energía-agua es que sus actividades demandan el aumento de la producción de biocombustibles y la generación de bioenergía, por lo que los recursos hídricos están sometidos a agentes estresores que generan impactos en el sector de producción de alimentos.

Relación entre agua, energía y alimentos para el desarrollo de la región
En cuanto al nexo agua para alimentación, esta interrelación se refiere a la creciente expansión de regadíos y de la agricultura, especialmente aquella a gran escala y con fines de exportación.Shutterstock

De allí que para la Cepal, “la gestión de los recursos hídricos, el desarrollo de la agricultura de riego y la producción de los biocombustibles requieren de visiones integradas que controlen los impactos negativos que se producen en estos u otros sectores”, lo que demanda un cambio de paradigma sobre cómo diseñar políticas públicas que lleven a la formulación de planes estratégicos con programas y proyectos que impulsen las acciones para entender que el desarrollo de LAC, depende de una gestión más integrada de los sistemas de agua, energía y alimentación para hacer frente a los nuevos desafíos.

Con esto se busca que los países aprendan a diseñar estrategias interconectadas entre los sectores, como las acciones que se implementaron cuando se consideró que aumentar la cobertura de agua apta para consumo humano era una prioridad en América Latina.

En ese entonces se promovieron estrategias en todos los sectores involucrados y se crearon sinergias entre instituciones como el Ministerio de Salud, las juntas administradoras de acueductos rurales, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, la Contraloría de la República y el Ministerio de Educación, lo que logró que se capacitara técnicamente a los operadores y usuarios de los acueductos rurales para que gestionaran de forma integral, con manuales de todo tema, sus sistemas de abastecimiento, incluyendo el mantenimiento.

América Latina ha tenido historias de éxito cuando identifica una necesidad para alcanzar el desarrollo.

¿Cómo se crean estrategias del nexo energía-agua-alimento?

Lo primero es entender dónde se encuentran estos nexos. Andrei Jouravlev, oficial para Asuntos Económicos, División de Recursos Naturales e Infraestructura (DRNI) de la Cepal, señaló en un evento especial que el consumo energético en el sector de agua potable y saneamiento es entre 3% y 20% del consumo nacional de energía, lo que pone en perspectiva la relación energía-agua, ya que un aumento de los costos de la energía implica un incremento de la demanda, y por consiguiente, del valor del agua para los usuarios.

Jouravlev indica que aunque se ha construido en la región un 40% más de represas que en décadas pasadas, su capacidad de almacenamiento ha sido reducida un 50%, y solo 8% de ellas tiene más de un propósito, lo que exacerba la relación “agua para energía”, por la marcada dependencia que existe en la región de la hidroelectricidad, y la demanda de agua en los sectores de hidrocarburos y minería, crucial en países como Brasil, México, Venezuela, Costa Rica, Guatemala y Panamá

En cuanto al nexo agua para alimentación, esta interrelación se refiere a la creciente expansión de regadíos y de la agricultura, especialmente aquella a gran escala y con fines de exportación.

Las interrelaciones identificadas entre los nexos permiten la creación de acciones, como por ejemplo, iniciativas en promoción de la gestión integrada de recursos hídricos (GIRH), que involucre administrar los mismos desde una visión de cuencas, en forma sostenible y equilibrada, reconociendo a los diferentes sectores que usan el agua, considerando con ello las necesidades energéticas, alimentarias y del medio ambiente, e incluyendo a quienes formulan las políticas de agua, además de crear “infraestructura verde y enfoques basados en la naturaleza, que reconocen el valor de los ecosistemas y los costos de las externalidades ambientales; propiciar iniciativas de fomento para la producción de bioenergía a partir del aprovechamiento de residuos o materia agrícola”, puesto que la bioenergía tiene un alto potencial de desarrollo en la región.

Adicionalmente, diseñar políticas de tecnificación y expansión de riego apoya que la explotación de recursos hídricos en la agricultura, tanto superficiales como subterráneos, ahorra energía generando un descenso en la energía subsidiada.

Por último, se sugieren acciones para propiciar embalses multipropósito, lo que permitiría que los sectores agua, energía y alimentación gestionaran sus necesidades en conjunto para favorecer al usuario de todos los sectores.

¿Qué fases y preguntas reflejan las acciones entre los nexos?

Las fases del ciclo de acciones con enfoque del nexo serían: diagnóstico, formulación, planificación e implementación; y monitoreo y evaluación.

Estas fases deben contener preguntas orientadas a reflejar relevancia y coherencia entre las acciones, lo que permite las preguntas en la fase 1 de diagnóstico, tales como, “¿existe consenso sobre la naturaleza e importancia de la problemática del nexo identificada desde las distintas instancias y actores involucrados? ¿Hay consenso en que la problemática del nexo requiere abordarse de manera intersectorial y de forma coordinada?

En la fase 2 de formulación, ¿los objetivos son ambiciosos y realistas para poder resolver la problemática del nexo identificada? ¿Cuenta la acción con unos objetivos consensuados entre todas las partes interesadas? ¿Son inclusivos? ¿Existe una buena articulación entre barreras y objetivos planteados para la problemática del nexo identificada? ¿Está la acción y las medidas previstas bien alineadas con las de otras políticas de los sectores del nexo relevantes de ámbito subnacional, nacional, internacional?

En la fase 3 de planificación e implementación, ¿existe una buena articulación entre las medidas planificadas para resolver la problemática nexo identificada? ¿Las medidas planificadas contribuyen a alcanzar los objetivos fijados de manera integrada? ¿Están los recursos asignados/planificados para generar el mayor retorno posible?

Para la fase 4 de monitoreo y evaluación, ¿el sistema de monitoreo permitirá evaluar impactos y resultados intermedios y finales con una perspectiva intersectorial? ¿Los resultados de la acción con enfoque del nexo han contribuido a alcanzar los objetivos y metas fijadas? ¿Se puede considerar que las inversiones realizadas justifican un retorno social, ambiental, y económico adecuado?

Al aplicar la relación del nexo, agua, energía y alimentos se garantiza el desarrollo de América Latina y el Caribe.

FUENTE:https://www.laestrella.com.pa/cafe-estrella/planeta/220812/relacion-agua-energia-alimentos-desarrollo